dilluns, 18 d’agost del 2008

Mario

- Estoy cansada de tus tontas explicaciones. De verdad, deja de llamarme… de una puta vez.
- Pero escúchame, por favor, solo quiero que sepas que lo hice sin querer. Fue ella que me
busco y se echo encima mío.
- Serás cínico, ¡encima me vienes con esas! ¿Que pasa tío es que no tienes manos?
- Paula, venga, que fue sin querer… ¿Paula? Se que me estas escuchando, ¡estoy harto de tus
chorradas!

Era la séptima vez que me colgaba el teléfono en esta semana, esto significa una llamada por día, intentándome disculpar. Pero estaba decidido a cambiar mi suerte. Primero llamaría a mis colegas, para darles la buena nueva. Ya era libre, ya no estaba ligado a una tia pesada, que a todas horas me recordaba que yo no valía mucho la pena, que era un puto desastre y que madurara de una puta vez.

- ¡La hemos cagao!
- ¡La hemos liao! – esto por extraño que suene, era nuestro grito de guerra. Cuando algún
colega te llamaba y te gritaba estas palabras, solamente podía significar dos cosas: que volvías a
ser soltero o que tenias la casa libre para hacer una fiesta.
-¿Qué ha pasado tio?
- Lo he dejado con Paula, estoy de ella hasta la polla!
- ¡Pues hay que celebrarlo!
- Ya te digo, avisa a esta gente, que yo me voy a pasar por las casas baratas a pillar mierda.
- Venga, nos vemos luego en el parque.

Ya esta, ahora ya era oficial. Basta de arrastrarme, basta de disculpas y explicaciones… o al menos por hoy. Ahora tenia otras cosas por las que preocuparme, o mejor dicho, ahora podía vivir despreocupado de todo.
Lo primero acercarme a las casas baratas. Le haría una visita a un colega que vivía allí. Bueno no éramos muy colegas, pero era un buen pavo y tenia contactos, seguro que podía conseguirme algo de chocolate.
No me gustaba demasiado acercarme a las casas baratas, porque uno solo iba allí por dos motivos, porque tenia la desgracia de vivir ahí o para ir a pillar algo con lo que colocarse. Y en un pueblo todo se sabe. Así que decidí acercarme dando un paseo, y un rodeo, para evitar que los vecinos me vieran y tuvieran un chismorreo con el que correr a darle la brasa a mi madre.
La verdad, es que el ambiente en las casas baratas era deprimente. Todo era gris. Los edificios antiguos, con pequeñas ventanas, recordaban a un enjambre. Aunque tenían mala fama en el pueblo, los vecinos de las casas baratas no eran mala gente. Respetaban al resto de vecinos. No todos eran yonkis y putas, como nos hacían creer de pequeños nuestros abuelos y padres. Lo cierto es que la mayoría de gente que vivía allí solo buscaban privacidad, intimidad, estar solos y que nadie se metiera en su vida. Quizas si que había algo de marginal en ellos, o de solitarios. Si, eran las casas de los solitarios.
Gente sin familia, gente sin amigos, como si se tratara de todo un grupo de monjes en retiro espiritual. Gente solitaria buscando el alma, la energía, la luz perdída, abandonada en algún rincón de alguna ciudad o pueblo lejano. En las casas baratas no vivía nadie del pueblo. Eran extranjeros en su país.
Me acercaba al edificio donde vivía mi colega, la verdad es que no conocía su nombre, había hablado muchas veces con él, pero no sabía su nombre. Siempre que iba a pillarle chocolate, me invitaba a una birra, un canuto, un cigarro o lo que fuera. Y charlábamos. Como no conocía o no recordaba su nombre, le llamaba cien por hora, no porque fuera pasado o colocado, la verdad es que nunca lo había meterse nada, ni ir colocado ni borracho. Era un tío sereno, pero se notaba que sus cerebro corría a una velocidad de riesgo. Demasiadas ideas, le decía yo. Piensas demasiado tío. Estas eran mis ideas. Pero la verdad es que me encantaba escucharlo. A veces mientras él divagaba, yo pensaba que si Paula lo conociera se enamoraría locamente de él, si no fuera por la cresta, el cuerpo agujereado y tatuado. Era un tío interesante.

Antes de llegar al último piso que era donde vivía Cien por hora, me tope con la mujer mas vieja y emblemática de las casas baratas. Todos decían que era la primera habitante de que aquel extraño barrio. Además era famoso entre las mujeres del pueblo, porque echaba las cartas y leía las manos. Vamos que no solo éramos nosotros los que venían de escondidas a las casas baratas, sino que nuestras madres y abuelas también lo hacían.
- ¿Dónde vas? – me pregunto
- A visitar un amigo.
- ¿De verdad es tu amigo?
- Adivínelo – le vacile.
- Por una vez en tu vida haz las cosas bien, buscalo y no le dejes huir … ah y pídele perdón a esa
chica, no seas cabron – me dijo y se marcho. Joder, cuando se lo explicara a mis colegas, se
iban a partir el culo.

Por fin había llegado al último piso. Como siempre me encontré con la puerta abierta. Cien por hora era un tío confiado de la ostia, además siempre decía que no tenía mucho para robar, así que nunca cerraba la puerta. Siempre estaba abierta. No le molaba estar dentro de casa con la puerta en casa. La mayoría de veces me lo encontraba en el terrado del edificio, porque decía que las paredes se le caían encima.
Al entrar en su casa y no oír ningún ruido, di media vuelta para subir un tramo mas de escaleras y buscarlo en el terrado. Pero una sensación rara, un cosquilleo, una mierda de presentimiento, me hizo volver atrás.
- Ei tio, soy yo, Mario.
Nada. Fijo que estaba en el terrado. ¿ Donde iba a estar sino ? Llevado por el cosquilleo, empecé a mirar por todo el piso. Revise todas las habitaciones y nada. En la cocina tampoco. Solo me quedaba el lavabo, pero quizás el tio estaba cagando y no quería que lo molestara. Y de nuevo cuando ya estaba apunto de salir por la puerta, el puto presentimiento… Búscalo Mario.
Cagado de miedo, me acerque al baño. Y ahí estaba. En el suelo, tirado, vivo o muerto, no lo supe. Solo se que en su brazo izquierdo tenia clavada una aguja. Se mantenía recta, en pie, clavada en su brazo.
-¡¿Hijo de puta, que has hecho?!
Chille histérico, y me acerque a él, lo agarre y le pegue un golpe en el pecho. Sabía que tenía que hacer algo ¿pero que? Impulsos. Suerte de los impulsos, que muchas veces controlan nuestra vida. Salí corriendo del piso, chillando y llamando a todas las puertas. Por suerte, la vecina de al lado de Cien por hora, acudió rápida a mi llamada.
-¡Una ambulancia, por favor! ¡Llamar una ambulancia, joder, que se muere!
A partir de ese momento todo es confuso. Se que seguí chillando a todo el mundo. Que insulte a los vecinos, que los llame yonkis de mierda. Que corrí dentro a ver como estaba Cien por hora, y al ver la aguja completamente clavado en su brazo, vomite y llore.
Se que por fin, escondido en un rincón de la escalera, vi llegar a la ambulancia. Vi que se lo llevaban en una camilla. Y acto seguido aparecía la poli, haciendo preguntas. Cero respuestas. Todos los vecinos cerrados en banda, volvieron a sus casas. Gente solitaria, gente que no daba explicaciones.
Luego no recuerdo mucho más. Se que finalmente salí del rincón en el que me había escondido, que me arrastre escaleras abajo y como flotando, llevado por el aire, llegue al parque, donde mis colegas me esperaban. Nadie se extraño de mi aspecto, nadie pregunto que me pasaba. Se que bebí y en algún momento me descolgué de todo el mundo, me descolgué de mi mismo.
Al despertar, me encontré… mejor dicho no me encontré. Creía estar en mi casa, en mi cama, pero dormía en un sofá, en un salón desconocido, rodeado de objetos desconocidos y al lado una mujer desconocida me miraba mientras sorbía una taza de café.
- ¿Estas bien?
- Creo que si, ¿pero no se que hago aquí?
- Ayer apareciste chillando y aporreando la puerta del chico de al lado.
Ahora la recordaba, era la vecina de Cien por hora. La mujer que acudió a mis chillidos y llamo a la ambulancia. Debía tener unos cuarenta y pocos años. Y tras su expresión triste y dura, se escondía una mujer guapa.
- ¿Cómo esta? – pregunto angustiado.
- No lo se.
- ¡Mierda!
- ¿Era tu amigo?
- No, bueno si… bueno era colega. ¡Joder la verdad es que no se ni su nombre! ¿Qué hago
aquí? – pregunte para cambiar de tema.
- Vale tranquilo. Ayer de madrugada, oí que alguien chillaba, y daba golpes. Al principio me
diste un poco de miedo… pero luego te oí llorar y me supo mal. Estuvimos charlando ¿te
acuerdas?
- No, siento haberte molestado. No era mi amigo. Venia a pillarle mierda. – avergonzado baje la
cabeza - Lo que no esperaba es que la mierda la llevara él… clavada en su brazo.
- En este barrio las cosas funcionan así – contesto fría e indiferente.
- … es solo un chavalín. – me lamente en voz baja. A esa mujer no parecía importarle mucho lo
que le había pasado a su vecino. - ¿Por qué habrá hecho algo asi?
- Es solo un yonki. – dijo fría como el acero.
- ¡No! Él nunca, de verdad… lo conozco poco. Pero era un tio legal, un poco triste, pero muy legal.
- Pues vete a saber. Hay momentos en la vida que uno hace las cosas sin saber porque. No hay respuesta
para todo. Ojala… ojala tuviéramos una respuesta para todo lo que hacemos, al
menos así podríamos vivir en paz. Perdonarnos y seguir viviendo.
Su mirada perdida me hizo comprender que hablaba para si misma. Por un momento esos ojos tristes me recordaron a Cien por hora, cuando en el tejado, me hablaba de la cantidad de cosas que pasaban en la vida sin motivo. Sin razón. Y que hacían tanto daño. Nunca entendí de que me hablaba. Y nunca le pregunte. Esperaba tener la oportunidad de hacerlo. Esperaba haber llegado a tiempo para detener su huida.
- Me voy, gracias por todo. Siento haberte molestado… - de nuevo hablaba con alguien sin
saber su nombre. - ¿Cómo te llamas?
- Mariona.

3 comentaris:

Montse ha dit...

Espero que s'entengui el final.

Bueno la historia d'aquesta historia. Es que fa molts anys vaig escriure aquesta primera part. Bé en realitat no era així. He cambiat moltes coses. Però basicament aquesta era la història.

I a partir d'aquesta primera part, que vaig recuperar, vaig començar a escriure la resta. A explicar la historia del tio que aparexia amb l'agulla al braç, de la veïna amargada del costat.

I resulta que el yonki, que a la primera historia que vaig escriure es moria. En aquesta no es moria, i tenia una historia darrera seu.

I que la veïna amargada del costat, en realitat es la seva mare! Culebron, culebron!

Tinc ganes de continuar eh. He agafat carinyo als personatges. Però penso que de momento ho deixare així. I potser d'aqui a un temps mi torno a posar.

Unknown ha dit...

hola niña

me gusta. me gusta como acabas por el principio. es increible como has dado en el clavo de que vivimos en ciudades abarrotadas y al mismo tiempo aislados de todo lo que nos rodea.
me gusta, tiene como un toque de moraleja jijiji.
me gusta, porque tiene posibilidad de continuacion pero aun asi podrias finalizarla ya.
me gusta niña loca.
besitoooooos

F ha dit...

Joder joder, la teva passió pels yonkis és preocupant! jajajajaja, és broma. Aquest texte m'ha agradat força mes, hi ha mes "historia", està mes pulida. Molt guay, segueix, les teves histories m' encanten.