dilluns, 28 de juliol del 2008

Bruno 3ª

Y mientras duerme, tiene un sueño asfixiante. Se encuentra rodeado de oscuridad. Una oscuridad blanda, que respira, que lo envuelve y no da lugar a nada mas. Lo unico que hay en el sueño a parte de la oscuridad, es una musica tranquila, de ascensor, que pretende calmarlo pero que lo desquicia. En cierto punto del sueño, mientras flota entre esa masa negra y densa, siente que le falta el aire, que sus pulmones se estan llenando de esa oscuridad y esta invadiendo su cuerpo. Desesperado y boqueando, se ordena abrir los ojos.

Y de nuevo se encuentra en la habitación blanca y desinfectada del hospital. La musica desquiciante sigue ahi, es el hilo musical. A los pies de su cama se encuentra un hombre con bata blanca. Se cruzan sus miradas, el medico le sonrie, con una sonrisa profesional y empieza hablar. El dia que ingreso, a causa de la sobredosis, se pusieron en contacto con su famila. El unico en responder fue su padre. Mañana lo esperara en la salida del hospital. ¿Mañana? pregunta Bruno, aunque en realidad lo que queria preguntar era: ¿mi padre?. Mañana te daremos el alta.

Sabe que lo que tiene que hacer es afrontarlo, pero la vergüenza es mas grande, y decide que mañana se ira antes de que su padre pueda acusarlo. Sabe que ha sido un cobarde, seguramente desde pequeño, y ahora ya no puede cambiarlo.

Por suerte al día siguiente llueve, de esas lluvias que paralizan la ciudad en media hora. Su padre le espera en la puerta del hospital, bajo su paraguas negro con mango de madera. En cuanto se encuentran cara a cara cruzan un hola y su padre empieza a caminar. Bruno le sigue obediente. Como llueve tanto, van uno detrás del otro, sin la posibilidad de cruzar mas palabras. Bruno agradece ese gesto, aunque eso signifique que el no tiene paraguas y se esta mojando.

Llegan al coche, se sientan uno al lado del otro, miran hacia delante y arrancan. Bruno piensa alguna frase para romper el hielo, pero no sabe que decir. No quiere decirle nada. En realidad, esta visita le facilita las cosas. Pero aun no esta preparado para pedir respuestas, no sabe ni que quiere preguntar.

Cuando llegan a casa, se siente a salvo y aliviado. De reprocha todos estos años sin volver. No se imaginaba que podía sentirse tan bien después de casi diez años. Va directo a su habitación, pensando que la encontrara cambiada, pero no es así. Su madre hizo de su habitación, su cuartel general. Su maquina de coser, sus libros y revistas, el pequeño transistor que siempre la acompañaba mientras cosía.

Llega la hora de comer, lo sabe por el olor que se cuela por debajo de la puerta. Olor a caldo, apio, chirivía, zanahoria, cebolla y tomate. Ese era el caldo de su madre, y que hoy preparaba su padre.
Todavía no ha salido de la habitación, pero imagina que en algún momento u otro su padre llamara a la puerta para avisarlo. Al instante suenan unos golpes en la puerta, y la voz seca y triste de su padre. La cena esta lista.

No sabe muy bien que hace en esa casa. ¿Por que no se había marchado antes del hospital? ¿Por que no se había ido a su piso? ¿Que iba a decirle a su padre durante la comida? Ahora ya no hay paraguas para esconderse. Se sentaran uno frente al otro. Sorberán la sopa. Y no se miraran a los ojos, para no herirse mutuamente.

Finalmente sale de la habitación. Se sienta frente a su padre. Empieza a sorber la sopa y sin mirarle a los ojos le dice esta muy buena… tanto como la de madre. Y sin previo aviso, sin anestesia, su padre le explica que su madre había muerto de un ataque al corazón. Una buena mañana sentada frente a la maquina de coser. Sin dolor, sin lamentaciones, sin ruido alguno. Quedo desplomada sobre la maquina, con el transistor encendido.

Termina el caldo, porque siente que debe poner algo consistente en su cuerpo, ya que tiene la sensación que en cualquier momento va a desintegrarse. A estallar en mil pedazos, que quedaran difuminados en las paredes. Se integraran a ellas y nunca nadie notaria que allí había estallado una persona. El caldo le da consistencia, el caldo es real. Lo siente entrar, recorrer su cuerpo hasta llegar al estomago donde cae como una piedra cae a un pozo.

Y así concentrado en esa sensación, en ese calor que recorre su cuerpo, que le proporciona un punto de sujeción con el mundo, afloran a su consciencia todas las preguntas que ha mantenido retenidas. Y se lanza, abandona la cobardía. ¿ Por qué no me avisaste? es la primera pregunta. Sin esperar respuesta dispara la segunda. ¿Por qué me has hecho esto? Tanto me odias. La segunda y la tercera. ¿Qué es lo que hice mal? es la cuarta. ¿Por qué no me avisaste? vuelve a empezar.

Todavía no se porque no te avise. Respuesta. Creo que quería hacerte daño; segunda respuesta. No te odio, pero estoy dolido. Tercera respuesta. Tu no has hecho nada malo, fue tu madre. Respuesta final. Bruno no entiende como su madre pudo hacer algo tan malo que llevara a su padre a ese tipo de venganza. Ella no era tu madre. Y esta respuesta no la entiende, porque él nunca se había planteado esa pregunta. Y de nuevo se apodera de él el instinto de huida. Correr, saltar, volar, huir, muy lejos, donde el dolor, la pena, la verdad no pueda alcanzarlo. Pero el peso de esas cinco palabras lo mantiene paralizado. Como si todavía le sujetaran las correas del hospital.

Durante media hora, quizás una o dos. Su padre, que no es su padre, le explica que su madre, no es su madre. Que ellos son sus abuelos, que sus hermanos, son sus tíos, que su madre, la biológica, se marcho. Era muy joven. Nosotros queríamos que abortara, pero ella esta muy segura de querer tener ese niño. Sin motivo aparente, el día del parto, su madre, se echo a llorar y ya no puedo frenar. La internamos, no había manera que superara su depresión tan solo con nuestra ayuda, necesitaba algo más. En el centro hizo terapia y al tiempo salió recuperada. El medico lo llamo depresión post parto… me duele decirte esto Bruno, pero ella nos dijo que era incapaz de quererte.

Ahora ya no quiere huir. Quiere quedarse, echarse en los brazos de su padre, que es su abuelo y llorar. Llorar, como lloro su madre. Incapaz de quererme, incapaz de quererme, incapaz de… No entendía como era posible. Una madre siempre quiere a su hijo. ¿Una mujer que decide tener a un niño, como puede luego no quererlo?

Mientras todas estas ideas bullen en su cabeza, su padre, su abuelo, lo abraza y lloran juntos, por la madre, por la hija, por la abuela, por la esposa. Quizás tienen mas en común de lo que creen. Cuando las lagrimas cesan, su abuelo vuelve a contarle quien había sido su madre. Quien era su padre. Donde se conocieron, como desapareció, todos los detalles que durante años habían mantenido ocultos.

Finalmente Bruno quiere saber un detalle, quizás sin importancia, que su abuelo no ha revelado todavía, pero el único que en esos momentos le importa . ¿Como se llama? Mariona. contesto su abuelo. Y lo repite. Y vuelve a repetirlo porque después de tantos años sin pronunciarlo le gusta el sabor que deja en sus labios. Un punto amargo, por la tristeza, pero también dulce, muy dulce, por poder recuperar a su hija y los recuerdos que han sobrevivido.

¿Qué piensas hacer? le pregunta su padre a la mañana siguiente. ¿Qué pensaba hacer? Eso mismo se preguntaba él desde ayer. ¿Debía buscarla? ¿Y donde? Su padre, que era su abuelo, le había dicho que habían perdido el contacto hacia muchos años. Que durante los primeros meses llamo para explicarles que estaba bien, que buscaba su lugar… algún lugar donde dejara de dolerle el corazón, por todo el dolor que había generado a los demás. Hasta que un día dejo de llamar. Ellos siempre creyeron, o quisieron creer, que por fin había encontrado ese lugar.

En ese momento Bruno se pregunta si su madre habra sido más valiente que él y habra encontrado la manera de huir sin tener que dejar de vivir.

Espera que así sea.

4 comentaris:

Montse ha dit...

Avui faig jo el primer comentari.
Comença a semblar un culebron? O encara te algu d'interes? Es que encara tinc més per explicar, però no se si continuar...
Cada cop tinc menys lectors :P
Suposo que continuare, ja que tinc la historia molt definida.

F ha dit...

Joder tia, la puta pell de gallina!!! L'argument és real per aixó tens la sensació de que sembla un culebrón, és un tema familiar que pot recordar a altres histories (pràcticament no queda res per inventar) però la manera en que utilitzes composicions fantàstiques dins d'uun contexte realista és genial. Aqui un lector que en vol més però, ves al tanto, no perdis la qualitat literaria per seguir la historia, moltes histories al mon real no acaben mai, la gent es perd, els cadavers no sempre surten, els crims no es resolen, l' únic que perdura llavors és l'amrgor, potser seria bo jugar amb aixó.
Segueix, siusplau.

Unknown ha dit...

como pares te parto las piernas. Estas loca, si lo haces bien, vamos mejor que bien, no queremos que pares!!!!!!!!!!!!! besos mi niña

Montse ha dit...

Ei! He tornat i acabo la historia, ja se com acaba, la proxima entrega sera el final, volia allargar, però no val la pena... si algun dia publico un llibre (ojala) ja allargare :P
I explicare aquesta historia que té un historia. Tranquils no son fets reals!

Gracies per escriure i animar-me. M'agrada molt, tu F pq no em coneixes i la Isa pq es la Isa!

I aprofito per dir-li el Marc que si encara llegeix el meu blog pot dir la seva ;)