Cuantas veces había imaginado este momento? La verdad, muy pocas, era como pensar en la muerte. En cuanto ese pensamiento aparecía en su mente, lo apartaba, lo echaba fuera de su cerebro, lo archivaba en el compartimento mas recóndito de su cerebro. La angustia de no tener una respuesta adecuada, una explicación lógica a su comportamiento. Como única respuesta, tenia los latidos desbordados de su corazón, los sentimientos de perdida, la incapacidad de seguir con aquello.
Por que continuo adelante? Eso lo sabia. Lo sabia ahora, en su momento, pensó que era lo que realmente quería. Ahora sabe, que si llevo adelante con el embarazo, fue por conservar algo de aquella historia, de aquella persona, personaje, figura que ahora se desdibuja.
Lo cierto, es que pensó, que si tenia ese niño, no lo habría perdido del todo. Con el niño el continuaría a su lado, no como compañero, sino, como prueba de que aquello había sucedido.
Y luego llego el parto, tan doloroso, tan desgarrador. Y así fue, solo sintió dolor físico y mucho cansancio. Pero ningún tipo de alegría, ningún tipo de satisfacción, ni una triste chispa.
Que iba hacer con ese niño, que no era nadie, que no era de nadie y al que nadie quería. Demasiado tarde, lo supo. Demasiado tarde. Porque no abortaría, como le dijeron sus padres. Abortar y seguir hacia delante con su vida.
Con el tiempo se dio cuenta, que ella misma se había castigado. Escogió la opción mas tonta. La opción romántica. Ahora es capaz de confesarse a si misma, que si continuo con el embarazo, fue por recuperarlo, por mantener un lienzo en blanco, donde pintar a la familia feliz.
Así que huyo, bien lejos. Todavía no sabía, que por mucho que corras, los problemas siempre vienen contigo. Así que vivió, con eso durante muchos años. Luego aprendió a hacerlo a un lado. Y continuo sin mas. Con una vida. Muchas noches, después de una cena con los amigos, de una fiesta, de haber echo el amor. Se sentía mal, por ser feliz, por disfrutar de la vida, por no tener ningún tipo de remordimiento, ni pena, ni ganas de volver a buscar a ese niño.
Porque aunque los recuerdos siempre están ahí, el tiempo los diluye, la memoria es selectiva y de alguna manera aprendes a ver a esa persona que cometió el error, como otra, no eres tu, es aquella niña, aquella adolescente, aquella chica que se quedo embarazada, pero ya no eres tu.
Y ahora, lo tienes ahí. Sentado en el sofá de tu casa. En ese sofá, donde has hecho tu vida. Donde te has tumbado a ver la tele, a leer, a charlar con los amigos, a descansar después del trabajo. El sofá, lleno de huellas. Huellas de tu vida, que no son la suya, que no tienen nada que ver con él.
Pero él esta ahí, y entiendes lo que quiere, sabes lo que necesita. Y te encantaría contarle, que ella, aquella chica que se quedo embarazada, quería abortar y por presiones familiares no lo hizo. Pero no es cierto. Tu quisiste tenerlo, quisiste agarrarte a él, para que en trozo de tu vida no se desvaneciera. Y lo único que puedes decirle es: me equivoque... nunca debí tenerte.
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1 comentari:
profundo pero duro!
A cuando mi canción???
Peto
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