A veces no vale con echar el freno de mano, a veces hay saltar del coche en marcha. Llegado el punto debes saltar, no hay nada que salvar. Ni los cd's que te han acompañado en el viaje, ni los papeles que confirman tu posesión, ni el peluche guardapolvo que hace ventosa contra el cristal. No hay frenos, ni marcha atrás. Las luces largas marcando el horizonte.
Siempre llega el momento en el que te topas con el animalillo asustado y paralizado por el brillo de los focos. Abrir la puerta y saltar. Y luego rodar. Rodar como una croqueta, protegiendo bien el relleno, hasta encontrar la piedra amiga que te frena.
Hora de cambiar el aceite, hora de repostar, valorar los daños y empezar a usar el transporte publico, que te ofrezca servicio sin sacrificio.
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