Mientras suben las escaleras uno al lado del otro, mantienen una pequeña charla. El hombre le hace un ofrecimiento.
- Voy a leerte la mano.
Ella no le da ninguna importancia y piensa que cuando estén en lo alto de la escalinata se despedirá amablemente y se ira justo hacia el lado contrario.
- Ahora nos sentamos en un banco en la sombra y te leo la mano. - El hombre no se da por vencido.
Ella sonríe y mordida por la curiosidad se deja llevar. Encuentran un banco medio cubierto por la sombra de los arboles y se sientan.
- Dame tu mano izquierda.
- Vas a tener una vida muy larga. Te preocupas mucho por la gene, deber ser un poco egoista y pensar mas en ti.
- Cierra los ojos, deja tu mente en blanco y pide dos deseos.
- Ser feliz y que no me robe el bolso.
Ya no puede seguir con esta pantomima. Él no deja de pedirle que se quede un minuto mas, pero ella se siente incomoda, empieza a notar como el sol le salpica en la espalda y gotas de sudor caen por su nuca.
Y ahí se desmonta toda la magia. Minutos antes, cuando subían por la escalera habían hablado de su misma condición de extranjeros en esa ciudad y sus otros viajes. Sabe perfecta mente que cualquier persona que charle con ella 5 minutos vería lo mismo que él.
El hombre insiste en que se relaje, en que cierre los ojos. Pero ya no puede mas. Ella no lee las manos, ni los posos del café, pero algo le dice que ese hombre no es de fiar.
- Lo siento me tengo que ir, que le vaya bien.
Por fin respira tranquila. Piensa en llamar al amigo que le ha recomendado ir a ese parque y cagar se en él.
Acaba por tumbarse en el césped y se ríe de la situación y se sienta tonta porque en el fondo esperaba que él le hubiera dicho algo sorprendente. Curiosa como es, le hubiera gustado preguntarle de donde era, a que se dedicaba...
Al cabo del rato lo ve pasar paseando al lado de una chica rubia, charlan mientras se acercan a un banco, se sientan y le toma la mano.

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